SANTIAGO · REGIÓN DEL VINO · CHILE

El vino chileno viaja por el mundo. Sus valles empiezan donde termina Santiago.

La capital ocupa el centro de un mapa vitivinícola que se abre hacia el sur y hacia el oeste: Maipo, Cachapoal, Colchagua, Casablanca.

Una historia que arranca en el siglo XVI con las primeras cepas españolas y que hoy tiene dos firmas reconocidas en el mundo entero: el Carmenère —una variedad bordelesa que encontró en Chile su lugar definitivo— y los blancos de los valles fríos que miran al Pacífico.

LA CIUDAD

Santiago, una capital con su propio pulso

Pocas capitales del continente tienen la cordillera tan cerca. Santiago vive con los Andes a la vista, y esa presencia ordena la ciudad: la orienta, marca sus barrios y define su luz. Entre el trazado colonial del centro y la vida contemporánea de Lastarria y Bellavista, la capital ofrece varias entradas posibles.

— Centro Histórico

La Catedral Metropolitana, el Palacio de la Moneda, el pulso del Mercado Central. La ciudad se presenta de entrada, con su historia a la vista.

— Bellavista y Lastarria

Boutiques, galerías, cafés de autor. Aquí también está La Chascona, la casa que Pablo Neruda levantó al pie del cerro San Cristóbal, hoy abierta al público.

— Cerro San Cristóbal

La ciudad entera, de un solo vistazo, justo antes de que caiga el sol. El ascenso en teleférico ya es parte de la experiencia: la ciudad se despliega debajo a medida que se sube. Arriba, el mirador entrega Santiago entero de un solo vistazo, justo antes de que caiga el sol.

LOS VALLES

El vino como forma
de leer el territorio

Cada valle tiene su clima, su suelo y su cepa. Recorrer tres es entender por qué el vino chileno se comporta distinto según dónde nace: la fuerza del Maipo, la profundidad de Colchagua, la tensión fría de Casablanca. Tres jornadas que se arman por separado o se encadenan en un mismo recorrido.

— Valle del Maipo

Viñas que llevan más de siglo y medio dando fruto en la misma tierra. En Concha y Toro, la leyenda del Casillero del Diablo se cuenta entre los jardines coloniales de una casona de 1883. En Santa Rita, el recorrido cruza el Parque del Centenario y llega al Museo Andino, una de las colecciones de arte precolombino más completas de Chile.

— Valle de Colchagua

El corazón del tinto chileno. En el anfiteatro de Apalta, las laderas de granito y las viñas en pendiente dan origen a Carmenère de reconocimiento internacional. Almuerzos entre barricas, terrazas abiertas al valle y la posibilidad de recorrerlo a caballo o en bicicleta.

— Valle de Casablanca

La camanchaca de la mañana y la brisa del Pacífico definen el perfil de los Sauvignon Blanc y Chardonnay chilenos. En Casas del Bosque, viña familiar con bodega en medio de sus propios viñedos, la jornada se arma entre el huerto orgánico, las barricas y la mesa: la cocina de nueve tiempos de Casa Mirador, o el recorrido en bicicleta entre las hileras cuando el día invita. Con el Pacífico cerca, el valle reúne vino, cocina y paisaje en una sola salida.

LA COSTA Y LA CORDILLERA

Dos horizontes a un lado
y otro de la capital

El Pacífico y la alta cordillera se alcanzan desde la misma capital. La elección define el tono de la jornada: puerto y patrimonio, o nieve y agua de deshielo.

— Valparaíso y Viña del Mar

Un día, dos identidades. Valparaíso, Patrimonio Mundial UNESCO, con su arte callejero, sus ascensores centenarios y La Sebastiana, la casa de Neruda suspendida sobre la bahía. Viña del Mar aporta playas y el aire de ciudad balnearia. El Pacífico como telón de fondo de las dos.

— Farellones y Cajón del Maipo

La nieve de Farellones, los senderos del Cajón del Maipo y el Embalse El Yeso, un oasis de altura donde el agua turquesa se abre paso entre la roca.

Reuniones, incentivos, congresos y eventos

Un destino, un encuentro: Santiago